Esta semana, Barack Obama ha presentado las líneas de actuación energéticas para los Estados Unidos en la próxima década bajo el nombre de The Clean Power Plan. El objetivo de estas medidas es la modificación del mix energético estadounidense, eliminando por completo la relevancia del carbón como fuente generadora de electricidad y apoyando en gran medida a las renovables. A esto se le debe sumar el arma más relevante del gobierno de Obama para convertirse en país exportador de petróleo como es el fracking, las elecciones generales del 8 de noviembre del 2016 y la conferencia internacional de la ONU por el cambio climático que se celebrará en noviembre del presente año en París.

El objetivo del ambicioso plan se sostiene en el descenso de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) en un 32% para 2030 en relación al año 2005. El carbón en el 2014 ha supuesto el 39% del total de las energías aportadas a la generación eléctrica, siendo esta fuente natural la más dañina con el medio ambiente, por la emisión de los gases contaminantes derivados. De esta forma, se plantea un escenario tenso para los próximos meses, pues hay estados como los de Virginia Occidental, Wyoming o Kentucky que dependen en gran parte de este tipo de energía.

Bajo la premisa aceptada a gran escala por la comunidad científica de la implicación directa de la mano del hombre en el cambio climático, Obama pretende extremar la tendencia de los últimos años en los EEUU caracterizada por el descenso en la relevancia del carbón, pues se está produciendo una bajada anual del 7% en relación al mix energético. Para ello, ha conseguido el acuerdo de 13 de las principales empresas estadounidenses con compromisos específicos que puedan suponer un avance en este área, a través de la inversión de 140.000 millones de dólares con el objetivo de conseguir un descenso de la huella de carbono de todos los productos provenientes de estas multinacionales.

Del mismo modo, Barack Obama juega con el concepto de dejar para las generaciones futuras un mundo sostenible y adelanta dichos impactos a la generación actual, argumentando que de llevarse a cabo estas medidas podrán beneficiar al consumo energético particular de cada familia estadounidense, englobando un beneficio común que no sólo afectaría a los grandes empresarios y políticos.

MOTIVOS PARA EL CAMBIO

Las elecciones presidenciales a la Casa Blanca se acercan y parece que el bando demócrata quiere hacerse eco de la sensibilidad actual por el medio ambiente. No sólo representando un cambio estructural económico para el país, sino cuantificando estos cambios en magnitudes tales como el posible ahorro al atajar los desastres naturales derivados del cambio climático (tasados en 100.000 millones de dólares) o el descenso en la facturación anual familiar de los recibos energético de cada hogar. Así, Obama se intenta posicionar en lo que entiende como una medida deseada por la población, del mismo modo que muestra las cartas ante la cumbre contra el cambio climático que se celebrará en tres meses en París.

Habrá gente que pueda pensar que se trata de medidas puramente ecologistas o a favor de la naturaleza y los animales en peligro de extinción. Esta gente está realmente errada, pues en realidad es una operación en la columna vertebral de una economía, con el plus de que esta economía es una de las principales potenciales mundiales. Desde el nacimiento del capitalismo, y aunque no esté normativizado, cada acción se encamina a la obtención de ganancias y Obama debe tener claro que se enfrenta al lobby con mayor fuerza de estados unidos (por encima del petrolero), como es el de los productores de carbón. Sin olvidar que le ampara un aspecto económico fundamental: el fracking, que les ha permitido pasar de ser un país dependiente de fuentes energéticas de otras naciones a disponer, con medidas como mínimo dudodas, de esa ingente cantidad de oro negro en territorio yankee.

Por último, Obama se ampara con este documento en la defensa total por un cambio hacia modelos basados en energías renovables, estableciendo entre otras medidas créditos a aquellos estados que aumenten la relevancia de estas fuentes energéticas. ¿Cuál es el problema? En la actualidad la economía de cualquier país se complementa por la mixtura de fuentes con diverso origen energético (petróleo, nuclear, carbón, hidráulico, solar), con lo que si se desea eliminar una de estas opciones se necesitará potenciar el resto, desequilibrando una estructura económica que en la actualidad es incapaz de almacenar la energía producida por las energías renovables. Indudablemente, se trata de una medida realmente positiva con el desarrollo sostenible, pero que debe verse reflejado del mismo modo en inversiones precedentes y procedentes de I+D+i que hagan avanzar a las renovables.

Escrito por Diego Vilela Herranz

Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, me considero una persona implicada en la sostenibilidad e interrelación de todas las acciones tomadas por la humanidad y sus diferentes repercusiones más allá de las rentabilidades económicas.

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