Los residuos son la evidencia del consumo desmesurado del ser humano en las últimas décadas, y el plástico destaca entre la gran parte de dichos desperdicios por su carácter no biodegradable y su uso en todas las áreas de la vida. El dato que atestigua este crecimiento desproporcionado ha sido el aumento de su producción desde 1975 en un 620%.

El principal inconveniente de las millones de toneladas residuales es la ineficaz gestión posterior, pues según un estudio dirigido por Jenna Jambeck y publicado en la revista Science, en 2010 se produjeron un total de 288 millones de toneladas de plástico, de las cuales 100 millones se originaron en países costeros y 8 millones de estas últimas finalizaron en los océanos o el mar debido al descontrol en su gestión. De entre los países que más contaminan se encuentran los menos desarrollados, pues no disponen de sistemas adecuados de recogida de basura, como China que copa esta lista, seguido por Indonesia, Filipinas, Vietnam y Sri Lanka.

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Diferentes ubicaciones de los residuos plásticos. Jambeck et al., Science 2015

Las consecuencias de la presencia del plástico en los océanos se desconoce con exactitud, pero su magnitud es de tal calado que hay quienes denominan a estas toneladas indestructibles como el séptimo continente, debido a la conjunción de la mareas oceánicas que provocan la aglomeración del plástico en el océano Pacífico Norte. Del mismo modo, estos desechos se depositan en el lecho marino dificultando su descomposición, al no disponer ni de oxígeno ni de luz. Esta situación y sus consecuencias se pueden ver en el galardonado documental Océans de plastique dirigido por Sandrine Feydel en 2009 para la televisión francesa, donde evidencia el problema categórico actual del plástico.

Este séptimo continente provoca grandes problemas para todo tipo de vida animal que depende del mar, pues el plástico tarda siglos en descomponerse y se fragmenta en pequeñas partículas más fáciles de digerir, lo cual afecta a la cadena alimenticia. Según informes de las Naciones Unidas, el plástico forma parte de la dieta de la mitad de aves marinas y causa el estrangulamiento, mutilación y ahogamiento de gran parte de las especies marinas.

El uso cotidiano del plástico y estos millones de toneladas a la deriva tienen su repercusión del mismo modo en el ser humano, pues alguno de los compuestos del plástico son altamente nocivos para el organismo, como el bisfenol A, del que se conoce a través de diversos estudios, como el realizado por el ecotoxicólogo Jörg Oehlmann (Frankfurt), que provoca deformaciones sexuales. O los ftalatos, cuyos compuestos químicos en el ser humano dificulta la reproducción y provoca un descenso considerable de los niveles de testosterona (resultados obtenidos a través del estudio llevado a cabo por Shanna Swan para la Universidad de Rochester).

LA GENIAL AUTODESTRUCCIÓN HUMANA

Ante este escenario en el que el propio ser humano está dejando su sucia huella en cada área ambiental, el cambio debe ser drástico y será necesaria una estrategia global para poder tornar la situación. Michel Loubry, Director Regional de Plastics Europe (voz oficial de fabricantes de plásticos de Europa), afirma que gracias al plástico se contiene la destrucción masiva de otros recursos naturales que podrían ser sustitutos de este material. Y en parte no le falta razón, porque el problema se sitúa en los engranajes operacionales y de producción del incontrolable consumo actual, donde lo prioritario debe ser cuestionarse estos hábitos de consumo para, a posterior, optar por elementos más sostenibles.

En la actualidad se están dando algunos ejemplos importantes para lograr la reducción de la producción de plástico, como el de la ciudad de Lorient (Francia), donde se han sustituido las bolsas tradicionales de plástico por unas nuevas de almidón que se descomponen en 3-4 semanas, o el hecho de que los supermercados y grandes almacenes cobren por las bolsas de plástico utilizadas, atacando de esta manera en el único aspecto por el cual una persona cambia de hábitos: el dinero.

En conclusión, se pueden modificar todas las dinámicas de consumo y producción, pero la balanza del ser humano con la naturaleza siempre estará descompensada, pues se evidencia en cada recurso natural que existe una inexorable superpoblación humana que deriva en la destrucción total de todo lo necesario para vivir. Sin olvidar que la sociedad actual es puramente capitalista, lo cual extrema aún más el consumo y la utilización de recursos.

Escrito por Diego Vilela Herranz

Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, me considero una persona implicada en la sostenibilidad e interrelación de todas las acciones tomadas por la humanidad y sus diferentes repercusiones más allá de las rentabilidades económicas.

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