El 26 de junio de 2016 se puede considerar como una fecha histórica (no sólo por las reelecciones en España) para el transporte marítimo internacional. Hoy se pone en funcionamiento el tercer corredor que permite la navegación entre el Océano Atlántico y el Pacífico a través de Panamá.

Las obras comenzaron en septiembre de 2007 y han supuesto una inversión total de casi 6.000 millones de dólares, distante de lo presupuestado inicialmente en 3.200 millones. Supone el 6% del PIB bruto anual de Panamá y el paso de 144 rutas de mercantes a nivel global. A lo largo de estos casi 10 años de construcción han participado más de 10.000 trabajadores.

El objetivo de la construcción del tercer canal se centra en absorber la demanda en el transporte de mercancías a escala global, pues más del 80% del total del comercio internacional se desplaza por vía marítima. De esta forma, se triplica la capacidad de movimiento de cargas por cada barco y permite que en vez de tardar 10 horas en recorrer el mismo trayecto por el Cabo de Hornos, se tarde 8 horas.

Entendiendo la necesidad de su construcción por la aceptación de la velocidad de crecimiento de la economía internacional y las deslocalizaciones de producción (en China mayoritariamente), no se debe pasar por alto las repercusiones ambientales que tal megaproyecto implica. Sacyr, como cabeza de cartel del consorcio de empresas Grupos Unidos por el Canal (GUPC), presenta infografías en su web que destacan ciertos aspectos ambientales. Así, se han llegado a excavar 62 millones de m3 de tierra, se han empleado hasta 30 millones de kilos de explosivos y se han drenado lo correspondiente a 2.840 millones de piscinas olímpicas. Esto, sumado al uso de agua dulce del lago Gatún, convierten a la construcción del nuevo canal en otra marca dejada por el hombre en la Tierra. Aún así, el desarrollo sostenible defiende el equilibrio entre los aspectos económicos, sociales y medioambientales, por lo que al tratarse de una obra clave en el comercio internacional y para la sociedad panameña, será complicado que surjan voces críticas que pongan en duda su construcción.

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Un aspecto ambiental curioso a resaltar, es lo que Sacyr denomina el “rescate de vida silvestre y reubicación” de más de 4.000 ejemplares de mamíferos, reptiles y anfibios. Se entiende que es valorado positivamente dicho proceso por la empresa, cuando en realidad se está logrando un cambio de hábitat de unos ejemplares que han crecido en dicho territorio. Otra vez más, el hombre marca qué debe crecer y dónde.

Si se desea obtener más información, en el siguiente enlace se muestra el informe completo de Evaluación de Impacto Ambiental del mismo: https://goo.gl/ir03HO

 

 

 

Escrito por Diego Vilela Herranz

Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, me considero una persona implicada en la sostenibilidad e interrelación de todas las acciones tomadas por la humanidad y sus diferentes repercusiones más allá de las rentabilidades económicas.

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